Lee Greenwood, traducida por Liliana Valenzuela

La Sra. Lee Greenwood, de Houston, Texas, es la madre de Joseph Nichols, quien fue ejecutado el 7 de marzo de 2007, por el asesinato del empleado de una tienda, Claude Shaffer, el 13 de octubre de 1980. En este segmento de una entrevista más larga, ella habla de las experiencias que tuvo su familia con abogados y tribunales, cuando Joseph estaba apelando su condena de muerte a los niveles estatal y federal. Ella prosigue hablando de los detalles jurídicos del caso, incluso el “Derecho aplicable a los partícipes en un delito”, bajo el cual juzgaron a Joseph, y cómo fue lidiar con los distintos bufetes de abogados que representaron a Joseph por un tiempo. Joseph perdió su caso y la Sra. Greenwood habla del día de la ejecución, incluso cómo transportaron a Joseph del pabellón de los condenados a muerte en Livingston a ser ejecutado en Huntsville, antes de continuar con cómo fue que su familia respondió ante este suceso.

SRA. LEE GREENWOOD: Cuando uno se interna en el sur de los Estados Unidos, a esos estados sureños donde la pena de muerte se registra en los libros de la ley, varios estudios señalan que normalmente aquellos estados que tienen la pena de muerte son los antiguos estados esclavistas. Eso en sí ya explica mucho. Y el sistema penitenciario de hoy es un como un brazo, una extensión de eso.

LYDIA CRAFTS: ¿Con qué frecuencia iba a visitarlo cuando usted se mudó de nuevo [a Texas]? Probablemente pudo verlo con más frecuencia…

SRA. LEE GREENWOOD: Siempre y cuando él estuviera en la cárcel del condado, íbamos a verlo todos los días. Alguno de nosotros iba todos los días. Cuando lo pasaron al pabellón de los condenados a muerte, que en ese entonces estaba en Huntsville (ahora está en Livingston), sólo nos permitían visitarlo una vez a la semana. Así que alguno de nosotros iba siempre cada semana. Con el paso de los años, la mayor parte del tiempo, uno observa que las madres son quienes continúan con las visitas semanales. No sé por qué, me imagino que es cosa de hombres, pero la mayor parte de las veces los padres se ponen muy, muy…quiero decir, que llegan a un punto en que sencillamente no pueden lidiar con eso. Tienen que buscar cómo enfrentar la situación a su manera y, por lo general, uno observa, si tiene la oportunidad de visitar el pabellón de los condenados, que casi siempre hay muchas madres, hermanas, novias y esposas. Los padres y los hermanos van a veces, ya que lo enfrentan de otra forma. Y así está bien.

LYDIA CRAFTS: Parece que él era muy unido con sus hermanos.

SRA. LEE GREENWOOD: Oh, sí.

LYDIA CRAFTS: ¿Puede hablar de cómo los afectaron…el juicio y la ejecución? ¿Cómo han podido sobrellevar la situación?

SRA. LEE GREENWOOD: Pues, cada quien trata de sobrellevarlo a su manera. Tiene tres hermanos y una hermana. Tiene un medio hermano y algunas medias hermanas. No sé cómo lo sobrellevan; mi hija, su hermana, no lidió muy bien con todo eso. Se vio envuelta en un lío de drogas debido a la situación de él y eso se le salió de las manos por muchos años. Así que él estaba muy preocupado por ella y por cómo la afectaría la ejecución. Su hermano mayor, cuando iba y lo visitaba, durante dos o tres días después, se ponía malísimo, al punto de tener náuseas todo el camino de regreso a casa, vomitaba, no podía comer durante varios días. Era horrible para ellos tener que dejarlo allí, porque eran muy unidos. No ha sido fácil para ellos. Pero creo que todos ellos, creo que lo colocan en un sitio donde lo puedan manejar mejor. Su padre no ha lidiado muy bien con ello. Como dije antes, la mayor parte de las veces las madres hacen de tripas corazón y tienen que…Ud. sabe, hacerse fuertes y poner buena cara para el resto de la familia, porque muy pronto uno se da cuenta de que si uno flaquea, ellos también lo harán.

Yo nunca había pensado en eso, pero Joseph dijo en nuestra última entrevista que esos veinticinco años de condena que él había cumplido, él y yo los habíamos cumplido juntos. Creo que de cierta manera tiene razón. Dijo que todo esto haría que yo me pusiera vieja, loca y gorda. El nivel de estrés era muy alto. Porque uno sentía que tenía las manos atadas. Uno sentía que tenía que hacer algo, que necesitaba estar haciendo algo, pero no sabía qué. Y a medida que se acercaba más y más la fecha, uno se sentía tan impotente, que había que cruzarse de brazos y permitir que eso sucediera, pero no había nada que uno pudiera hacer. Él no quería que nadie fuera testigo, pero yo sostuve que, en un principio habíamos sido él y yo en la sala de partos, y que al final íbamos a ser él y yo. Así que, al final estuvo de acuerdo y estuvimos su padre, sus tres hermanos y yo. Eso fue todo.