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Interim Executive Director Appointed for the Texas After Violence ProjectSubmitted by TAVP2007 on Sun, 09/25/2011 - 21:54.
Witnessing An Execution in Texas: A podcast by Maurice ChammahSubmitted by Virginia Raymond on Sun, 08/14/2011 - 17:24.
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Sra. Burnett ClayLa Sra. Burnett Clay es la madre de Keith Clay, quien fue ejecutado en 2003 por el asesinato de Melathethil Varughese en Houston en 1994. Debido a la relación que Keith mantenía con otros presos del pabellón de los condenados a muerte, la Sra. Clay comenzó a predicar el evangelio a otros condenados a muerte a través de los años y ha continuado con esa labor hasta el presente. Uno de esos hombres fue Johnny Ray Johnson, quien finalmente fue ejecutado en 2009 por el asesinato de Leah Joette Smith en 1997 en Houston. La Sra. Clay fue su consejera espiritual durante más de cinco años y en el presente breve segmento de una entrevista más extensa, ella describe cómo conoció al Sr. Johnson, cómo evolucionó su relación y cómo ella fue testigo de su ejecución el día 12 de febrero de 2009. SRA. BURNETT CLAY: Así que en esa época comencé a visitarlo [Johnny Ray Johnson]. Eso fue en el año de 2003, porque en marzo mi hijo ya no estaba, así que seguí yendo a la cárcel a predicar la palabra de Dios. Entonces fui a verlo. La primera vez que fui a verlo nos presentamos mutuamente y él me empezó a contar de su vida. Cuando nació, su madre lo regaló, no conoció a su padre, así que dice que en realidad nunca tuvo un hogar, nunca tuvo a una familia. Dijo que nunca conoció a ninguno de ellos y que andaba nada más por allí, a la deriva, y después de haber estado en varios hogares de crianza, de casa en casa, al cumplir los diecisiete años, se hizo de una familia en las calles, así fue cómo se enganchó en la droga y vivía una vida dedicada a la droga, sin hogar, durmiendo bajo los puentes, dijo, donde fuera. Así que cuando se metió en problemas, dijo, esa fue la razón, porque nunca nadie le había dado ninguna muestra de amor. Así que nos presentamos. A la próxima visita nos sentimos más a gusto, sabe, conversando. Así que estábamos hablando y me miró y me dijo: “Nunca tuve a una madre, ni a un padre, ni hermanas, ni hermanos y nunca aprendí a amar” y luego me preguntó, “¿Podría usted hacer de mi madre? Y eso me conmovió mucho y lloré y él también lloro y le respondí que sí. Él no tenía libros. No tenía en qué ocuparse y cuando salí de allí fui a la librería y le compré una Biblia y un diccionario, todo tipo de libros, literatura que él pudiera leer: “El propósito divino”, para darle esperanzas de que su vida no había sido en vano. De modo que cuando volví, él ya había recibido los libros. Y una vez me dijo que cuando salían al recreo no debían pisar el suelo con las plantas de los pies; es que se le habían acabado sus zapatos tenis. Sabe, ellos tenían que comprarse todos sus efectos personales. Tenían que comprarse su propia ropa interior, sus calcetines, sus camisetas y sus artículos de higiene personal, todo, y sus timbres, si querían escribirle a alguien. Así que yo le escribí a mi hermana y le dije, “Este hombre al cual estoy visitando, no tiene zapatos”, de modo que le di su número de identificación personal y el lugar adonde enviar el dinero. Ella le mandó un dinero para que se comprara zapatos y, después de eso, la próxima vez que fui a verlo, ella me acompañó, porque vivía en Baytown y yo vivo en el Este de Texas y el primer día en que él vio a mi hermana, alzó los pies, y le enseñó los tenis nuevos que ella le había comprado. Él siempre estaba muy agradecido por cualquier cosa que uno hiciera por él. Y a partir de entonces, se lo digo con toda sinceridad, yo lo quise como a un hijo, porque sea lo que fuere que él necesitara, ella y yo nos encargábamos de ello. Así que pude visitarlo hasta que lo ejecutaron, en febrero fue, el 12 de febrero de 2009, este año en curso. Y él me había pedido, me había dicho que no quería que su cadáver se quedara allí, en Huntsville, porque, me dijo, lo único que hacen es meterte en una bolsa y echarte en el agujero, y dijo, “Yo no quiero eso”. Dije, “Bueno, siendo que eres mi hijo, no voy a dejar que eso suceda. Mira, mi hijo está en enterrado en el Family Community Cemetery allá donde yo vivo y allí es donde tú también podrías estar”. Así que él dijo, “lo que yo quiero es ser cremado” y le dije, “lo que tú dispongas, yo me encargo de que así se haga”. Así que fue cremado y yo me quedé con sus cenizas como por un mes y luego decidimos hacerle una ceremonia conmemorativa, ella y yo; y fue cuando empecé a trabajar, le compré una lápida y todo, ¿le di la foto? VIRGINIA RAYMOND: De la ceremonia conmemorativa… BURNETT CLAY: Y de la lápida. Keith tiene su lápida y Johnny Ray tiene la suya. Están lado a lado. BURNETT CLAY: Pues le tengo una foto. Le tengo un programa. Le tengo algo que dar antes de que se vaya. Así que establecimos unos lazos muy estrechos con él, después de que le envié esos libros. Era tan inteligente. Era realmente un joven muy listo. Si hubiera tenido una oportunidad en la vida; ya usted sabe que el amor es la idea más poderosa, el amor te eleva, el amor te hace salir de ti mismo y te hace saber que eres amado, eso es tan importante. De modo que él nunca supo lo que era ser amado por un padre, una madre, una hermana, un hermano. Él hizo su hogar en la calle. Y encontró una familia, dice, eran como unos siete, que se drogaban juntos. Nos lo contó todo. Así que empezamos a frecuentarlo, yo empecé a predicarle el evangelio, ella comenzó a visitarlo. Y luego, esos últimos tres días, ella y yo estuvimos allí. Nos dieron de las ocho a las cinco para visitarlo, sabe, nos dieron tres días. Fuimos los tres días completos, y en esos tres días, no se imagina de qué humor estaba, la felicidad que él sentía. Un hombre que iba a morir en tres días. “Ah”, dijo, me llamaba “Querida mamá” y a ella [sentada a su lado durante la entrevista] “tía Helen”. Dijo, “Ya estoy listo, porque voy a un lugar mejor que este”, dijo, porque “en este calabozo, lo tratan a uno como si no fuera humano” y para que a uno lo traten así, siendo hombre, eso hace que se destruya su ego, hace que se sienta como un don nadie. Hace que se sienta como que no vale nada. Pero a través de nuestras visitas, predicándole la palabra de Dios, él se convirtió en el hombre que —si hubiera tenido la oportunidad— hubiera podido ser. Pero no tuvo la oportunidad. BURNETT CLAY: Así que hicimos todo lo que nos pidió. Y lo extrañamos todos los días. Porque era un joven que te daba fuerza interior, simplemente de verlo de tan buen ánimo. Y fuimos el último día al cuarto para las doce. Oramos y las últimas palabras que nos dijo allí fueron, “No me siento preocupado”, dijo, “porque tengo a dos ángeles. A mi querida mamá y a mi tía Helen, que me aman”. Dijo, “Ahora ya sé lo que quiere decir tener mamá, Mamita Clay”. Así lo dijo. Así que, de todos modos, se lo llevaron y nos fuimos a Huntsville, y estábamos en la unidad “The Walls,” donde está la cámara de ejecución. Pero primero estuvimos en el Hogar de Acogida para los familiares y conocidos de los condenados a muerte. Nos sentamos allí hasta que llegó la hora de que yo —por ser su consejera espiritual— entrara a Huntsville para estar con él como por una hora. Y he de decirle que la pasamos muy bien. Él se sentía tan contento; los guardias que estaban sentados al fondo del pasillo de donde nosotros estábamos, les llamó la atención y se pusieron de pie y se nos quedaron mirando, porque él estaba diciendo, “Estoy listo”, dijo. “Estoy listo para ir a ver al Señor Jesucristo y estoy listo para ver a mi hermano”. A Keith lo apodaban “K.C.” Y él dijo, “Mamá, por mí no te preocupes”, dijo, “porque te veré en el cielo”. Y tuvo la oportunidad de usar el teléfono para hablar con el resto de mi familia. Así que yo pasé una hora con él, a solas, y luego habló con ella por teléfono, y habló con Joanna, y creo que habló con Gretchen y habló también con mi hermano. Y lo último que le dijo a ella fue, “Estoy comiendo”, dijo, “pero estoy listo”. Y el carcelero, que diga, el capellán, regresó al Hogar de Acogida, después de que él, después de que yo fui. Y cuando regresó nos dijo, “Sabe, Sra. Clay”, dijo, “Johnny está listo”, dijo. “Su abogado lo llamó y él dijo, ‘díganle a mi abogado que no tengo nada que decirle, porque ahorita estoy teniendo una consulta con nuestro Señor Jesucristo’”. Y a las seis nos dejaron ir allá, a…se suponía que no debía yo ser testigo de su ejecución, pero él había pedido que así fuera, ya que yo era su consejera espiritual. Así que me dejaron ir; ella, yo y Joanna. Y cuando llegamos allí lo tenían, usted sabe, en la sala, atado, y le estaban administrando … debe haber sido el primer anestésico, porque ya estaba soñoliento. Y miró por la ventana, tenía un micrófono por donde hablar y nosotros poderlo escuchar. Y cuando miró hacia acá y nos vio, dijo, “tía Helen, Joanna, muchas gracias por todo. Las quiero mucho”. Y al decir eso, dijo, “Nos vemos en el cielo”. Y él empezó a cantar esta canción —fue un momento que me llegó muy hondo— “Jesucristo, no me apartes de la cruz”, porque yo le había dicho que la cruz representa todo lo que la humanidad debe necesitar. Le dije, “En la cruz está el amor, la salvación y Jesucristo derramó su sangre para la admisión del pecado”. Y yo ni siquiera sabía que este joven se supiera esa canción, pero tenía un himnario. Me dijo, “No quiero despegarme de mi himnario”, y fue cuando empezó a cantar, “Jesucristo, no me apartes de la cruz”. Y cantó, creo que la primera estrofa, y luego la siguiente y después nada más se quedó dormido. Así que después de eso se lo llevaron a la funeraria de Huntsville, donde aguardaba mi funeraria para recogerlo. Pero por alguna razón, no sé si se equivocaron en la funeraria o qué, porque fuimos a la funeraria. Y cuando lo vimos, todavía estaba tibio, justo después de la ejecución, porque creo que duraron unos seis minutos en administrarle el anestésico y luego ya estaba sin vida, porque el doctor entró, sabe, y dijo que ya, que eso era todo. |