Dr. William Petty

El Dr. William Petty es Director de Servicios a Víctimas de la Jefatura de Policía de Austin. Como tal, trabaja con la fuerza pública al proveer consejeros para las víctimas tras un homicidio, violencia en el hogar, maltrato de niños y robo. En esta breve sección de una entrevista más extensa, él habla de las presiones que los agentes de la policía sufren en su vida cotidiana y cómo su comprensión de este tema ha cambiado desde que comenzó con esta labor.

WILLIAM PETTY: Sabe usted, si hace cuatro años me hubiera hecho la pregunta “¿cuál es el factor estresante más importante en la vida emocional de un agente de policía?”, yo hubiera dicho que las cosas que ven en el día a día, el aluvión incesante de cosas horribles o estúpidas, la mala suerte, la malicia, el descuido. No es cierto. Es decir, ese es un factor estresante constante, sin lugar a dudas. El factor estresante de mayor importancia para los agentes de policía es ser desdeñado por sus compañeros de trabajo, quedar mal con sus superiores, con la cadena de mando, o ser objeto de ridículo ante los ojos de la comunidad. La amenaza, la amenaza emocional no proviene de las cosas malas que les toca ver. Es el miedo a que les suceda algo malo. No se trata de las balas. Tampoco del malhechor. Tampoco de la parada de tráfico. No se trata de las órdenes de registro, ni de entrar por la fuerza, ni de apuntarle a alguien con un arma. La amenaza proviene de dentro. De que nos acusen de alguna falta, de que nos dejen colgados a enfrentar solos las consecuencias, pudiendo perder el empleo a causa de ello.

VIRGINIA RAYMOND: De modo que…

WILLIAM PETTY: Cuando digo “nosotros”, estoy usando el “yo colectivo”, pero esa es la perspectiva de la fuerza pública, de los uniformados, que les provoca una angustia más inminente, más que las cosas o la tragedia que ven y experimentan.

RAYMOND: Y aún más que el peligro corporal que podrían sufrir al estar…

WILLIAM PETTY (asiente): Ahora, estoy tratando de ser más claro que el agua. Esto es algo hablado, lo digo en calidad de alguien que no es policía. Es posible que ellos digan algo distinto de lo que yo he observado. La amenaza de peligro corporal está presente en todo lo que hacemos. Cuando los sacude es cuando realmente brota. Cuando le disparan a uno de ellos o cuando ellos tienen que dispararle a alguien o tienen que llevar a acabo un arresto muy duro, y resultan heridos. No hay como un roce con la propia mortalidad para hacer muy real algo abstracto. Pero ese no es el fantasma, ese no es el ogro que los persigue. El ogro que los persigue son los asuntos internos, alguna posible acusación, la pérdida del empleo, ser ridiculizado por los medios de comunicación. Porque no solamente los afecta a ellos; afecta a sus esposas, a sus hijos y a sus familias.

RAYMOND: De modo que se ha dado cuenta de esto durante los últimos cuatro años. ¿Podría decirnos cómo cambió de parecer? ¿Qué sucedió o cómo llegó usted a esta nueva comprensión de las cosas?

WILLIAM PETTY: Por supuesto, pues, la diferencia radica entre ser un empleado de seis años con la jefatura de policía en el puesto que tengo ahora, en comparación con diez años dentro de la jefatura de policía. Yo estaba listo para llevar a cabo el interrogatorio Mitchell modelo CSM después de un incidente crítico que ellos habían presenciado. Usted sabe, el auto sale volando por la borda y la persona —bueno, no voy a dar detalles explícitos— pero habían visto cosas muy feas que iban a pesarles mucho. Así que, sabe usted, cuando uno pone a un grupo de treinta profesionales de la salud mental dentro de una agencia del orden público, van a acabar encontrando algunos problemas mentales en las personas que trabajan en dicha agencia. Así que sentimos que desempeñamos bien nuestro rol de asistir al personal de primera respuesta.

Así que yo lo estaba observando desde…mi capacitación desde un punto de vista de la respuesta ante un incidente crítico, ya sea a nivel personal o de la agencia. Pero mientras más hablaba individualmente con los agentes, eso no es lo que no los deja dormir en las noches. No es lo que los manda al bar todas las noches. No es el tipo de cosa que los manda a un segundo dormitorio en las noches. Es el miedo a que la agencia misma…ya sabe cómo de alguna manera uno espera que el público no comprenda lo que uno hace porque sólo se van a fijar en lo peor de lo peor, digo, la comunidad en general. Así que cuando te insultan y te insultan en los desfiles, pues sí, es molesto pero uno comprende que si tan sólo ellos pudieran ver lo que realmente hacemos tendrían otra opinión.

Pero es cuando la gente que ha hecho lo que uno ha hecho por décadas y ahora están en posiciones de liderazgo, es cuando temen que “Ay, Dios, si meto la pata” o si alguien los acusa de meter la pata, lo van a poner de patitas en la calle. Eso es lo que los asusta. Eso requiere otro tipo de intervención por completo. Eso requiere de otro tipo de apoyo por completo. Ese apoyo —bueno, lo es por ahora— casi tiene que provenir de sus colegas, a diferencia de un profesional de la salud mental. Hay un poco de estigma asociado a cuando uno va a hablar con un consejero, por eso acabamos haciéndolo detrás de la tienda de donas o en la gasolinera, donde es una cosa formal, informal. Pero venir aquí a hablar conmigo o ir a hablar con el psicólogo, eso quiere decir mucho para ellos, sobre todo si es obligatorio.

Pero si miráramos en la jefatura de policía y nos fijáramos en quiénes son esas personas a quienes otros recurren para intercambiar ideas o para desahogarse un poco, no para que se conviertan en su defensor, sino como oyente capacitado. Si pudiéramos desarrollar un verdadero programa de apoyo mutuo y luego estableciéramos ciertas garantías que uno pudiera exigir: ¿qué cosas puedo mantener en confidencialidad? ¿qué cosas no? Que todos supieran muy bien cuáles son las bases. Que lo pudieran confirmar con su jefe, con asuntos internos, con la cadena de mando, que les dijeran, “No, es verdad, realmente puedes ir y hablar con toda seguridad con esas personas sobre la mayoría de las cuestiones que surgen en la vida y no hay ninguna obligación de reportarlo.” Yo no se los voy a exigir.

Esta herramienta puede profundizar mucho más dentro de la organización porque va directo a si el individuo trae problemas de casa [inaudible] o el grupo de trabajo tiene problemas que comenzaron en el trabajo. Los primeros en enterarse van a ser ellos mismos. La gente en quien más confían son ellos mismos. De modo que si pudiéramos enseñarles a mantener la boca cerrada y a no divulgar asuntos confidenciales, y a no dar consejos ni convertirse en defensor de alguien, y a saber mantener ciertos límites —uno no necesita convertirse en un especialista clínico, sólo tiene que saber escuchar y atender a alguien— entonces podemos ayudarnos a nosotros mismos desde dentro. Así que por eso comenzamos este programa de ayuda mutua este último…el verano pasado. Debió haber comenzado hace treinta años, pero no querían otorgarles la confidencialidad.